En San Valentín el amor también tiene alas
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Un homenaje a los polinizadores y a quienes cuidan la tierra
Cada 14 de febrero las flores se agotan en las florerías, las rosas llenan escaparates, las fresas se bañan en chocolate y miles de detalles viajan de una mano a otra para decir “te quiero”.
Pero detrás de cada ramo, de cada fruta dulce y de cada chocolate, hay una historia de amor que casi nunca se menciona: el amor por la tierra y el trabajo silencioso de los polinizadores y de los productores.
El amor que no se ve, pero se siente en cada cosecha
Cuando pensamos en San Valentín, imaginamos colores, aromas y sabores. Sin embargo, pocos se detienen a pensar que muchas de esas flores, frutas y semillas existen gracias a pequeños aliados de los campos: abejas, mariposas, abejorros, murciélagos, colibríes y otros polinizadores.
Mientras tanto, en cada parcela, hay productores que se levantan antes del amanecer, revisan sus cultivos, cuidan el suelo y observan el vuelo de estos visitantes alados. Ellos saben que, sin polinizadores, muchos cultivos simplemente no darían fruto.
Ese vínculo entre agricultor, polinizador y planta es también una forma de amor: un amor paciente, cotidiano, que se riega con esfuerzo, dedicación y respeto por la naturaleza.
Productores y polinizadores: una alianza que llena de vida los campos
En el campo, el amor se mide en flores que cuajan, en frutos que engordan y en cosechas que llegan a tiempo.
Los polinizadores visitan flor tras flor, llevando polen de una a otra, permitiendo que las plantas formen semillas y frutos. A cambio, reciben néctar y polen como alimento. Es una relación de mutuo beneficio, una colaboración silenciosa que sostiene la vida.
Gracias a esta alianza, hoy podemos disfrutar de:
Flores y rosas que se convierten en el regalo clásico de San Valentín.
Fresas jugosas que se decoran, se bañan en chocolate o acompañan postres especiales.
Cacao, base del chocolate con el que expresamos cariño, gratitud o amor.
Frutas y semillas de innumerables cultivos que forman parte de nuestras mesas, aun cuando no pensemos en ellas como “regalos románticos”.
Cada vez que alguien entrega un ramo de flores o una caja de chocolates, sin saberlo, está recibiendo también el resultado del trabajo de la naturaleza y del compromiso de los productores que protegen y acompañan estos procesos.
El amor por la tierra: la base de todo
Para que los polinizadores sigan llenando de vida nuestros campos, necesitan paisajes que los alimenten y los protejan:
Suelos sanos
Diversidad de flores nativas
Refugios donde puedan descansar y reproducirse
Prácticas agrícolas que respeten su presencia
Muchos productores ya lo han entendido: cuidar la tierra no es solo una decisión técnica, es una decisión de amor:
Amor por su familia, que depende de la cosecha.
Amor por su comunidad, que se alimenta de esos cultivos.
Amor por las generaciones futuras, que merecen heredar campos vivos y fértiles.

En ese sentido, la agricultura sostenible es mucho más que una tendencia: es una forma de demostrar, con acciones concretas, que valoramos a los polinizadores y reconocemos el papel clave que tienen en nuestra seguridad alimentaria y en la belleza de nuestro entorno.
Alas para el Campo: cuando el amor se convierte en acción
Desde Alas para el Campo, impulsado por BASF y nuestros aliados del proyecto, el objetivo es justamente ese: unir el conocimiento técnico con el amor por la biodiversidad y el respeto por los polinizadores.
A lo largo de la ruta migratoria de la mariposa Monarca y en distintas regiones agrícolas, productores de toda la región se están sumando a acciones como:
Conservar y crear espacios con flora nativa que alimenta a los polinizadores.
Promover buenas prácticas de manejo más sostenibles que consideren su presencia.
Sensibilizar a comunidades y personas que, aunque no trabajen en el campo, pueden apoyar creando jardines para polinizadores en casas, escuelas o lugares de trabajo.
Cada parcela que se maneja pensando en los polinizadores es una declaración de amor a la agricultura, el trabajo más valioso de la Tierra.
Este San Valentín, celebremos también a quienes no se ven
Cuando entregues o recibas rosas, fresas, chocolates u otros productos en este San Valentín, recuerda:
Detrás de ese detalle hubo un agricultor que cuidó la tierra, la planta y la cosecha.
Hubo polinizadores que, con cada visita a una flor, hicieron posible que esa planta diera fruto.
Hubo una red de vida que trabajó mucho antes de que el regalo llegara a tus manos.
San Valentín es una fecha para celebrar el amor entre personas, pero también puede ser una oportunidad para reconocer el amor profundo que se expresa en los campos: el amor por la tierra, por la biodiversidad y por el futuro.
Un gesto más de amor: cuidar a quienes nos alimentan
En este día, además de decir “te quiero” con un regalo, te invito a dar un paso más:
Si eres productor agrícola, sigue apostando por prácticas que protejan a los polinizadores y la salud de tus suelos. Tu trabajo es esencial para que la vida siga floreciendo.
Si estás lejos del campo, puedes sumar tu granito de arena creando pequeños jardines con flores amigables para polinizadores o apoyando iniciativas que cuidan la biodiversidad.
Porque, al final, cada flor que se abre, cada fruto que madura y cada paisaje que conservamos es también una forma de decir:
Amo la tierra, amo la vida y quiero seguir compartiéndola contigo.











