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En San Valentín el amor también tiene alas

  • hace 1 día
  • 4 Min. de lectura

Un homenaje a los polinizadores y a quienes cuidan la tierra

Cada 14 de febrero las flores se agotan en las florerías, las rosas llenan escaparates, las fresas se bañan en chocolate y miles de detalles viajan de una mano a otra para decir “te quiero”. 


Pero detrás de cada ramo, de cada fruta dulce y de cada chocolate, hay una historia de amor que casi nunca se menciona: el amor por la tierra y el trabajo silencioso de los polinizadores y de los productores.

 

El amor que no se ve, pero se siente en cada cosecha

Cuando pensamos en San Valentín, imaginamos colores, aromas y sabores. Sin embargo, pocos se detienen a pensar que muchas de esas flores, frutas y semillas existen gracias a pequeños aliados de los campos: abejas, mariposas, abejorros, murciélagos, colibríes y otros polinizadores.


Mientras tanto, en cada parcela, hay productores que se levantan antes del amanecer, revisan sus cultivos, cuidan el suelo y observan el vuelo de estos visitantes alados. Ellos saben que, sin polinizadores, muchos cultivos simplemente no darían fruto.


Ese vínculo entre agricultor, polinizador y planta es también una forma de amor: un amor paciente, cotidiano, que se riega con esfuerzo, dedicación y respeto por la naturaleza.


 

Productores y polinizadores: una alianza que llena de vida los campos

En el campo, el amor se mide en flores que cuajan, en frutos que engordan y en cosechas que llegan a tiempo. 


Los polinizadores visitan flor tras flor, llevando polen de una a otra, permitiendo que las plantas formen semillas y frutos. A cambio, reciben néctar y polen como alimento. Es una relación de mutuo beneficio, una colaboración silenciosa que sostiene la vida.


Gracias a esta alianza, hoy podemos disfrutar de:

  • Flores y rosas que se convierten en el regalo clásico de San Valentín. 

  • Fresas jugosas que se decoran, se bañan en chocolate o acompañan postres especiales. 

  • Cacao, base del chocolate con el que expresamos cariño, gratitud o amor. 

  • Frutas y semillas de innumerables cultivos que forman parte de nuestras mesas, aun cuando no pensemos en ellas como “regalos románticos”.


Cada vez que alguien entrega un ramo de flores o una caja de chocolates, sin saberlo, está recibiendo también el resultado del trabajo de la naturaleza y del compromiso de los productores que protegen y acompañan estos procesos.

 

El amor por la tierra: la base de todo

Para que los polinizadores sigan llenando de vida nuestros campos, necesitan paisajes que los alimenten y los protejan: 

  • Suelos sanos 

  • Diversidad de flores nativas

  • Refugios donde puedan descansar y reproducirse 

  • Prácticas agrícolas que respeten su presencia


Muchos productores ya lo han entendido: cuidar la tierra no es solo una decisión técnica, es una decisión de amor:

  • Amor por su familia, que depende de la cosecha. 

  • Amor por su comunidad, que se alimenta de esos cultivos. 

  • Amor por las generaciones futuras, que merecen heredar campos vivos y fértiles.


En ese sentido, la agricultura sostenible es mucho más que una tendencia: es una forma de demostrar, con acciones concretas, que valoramos a los polinizadores y reconocemos el papel clave que tienen en nuestra seguridad alimentaria y en la belleza de nuestro entorno.


 

Alas para el Campo: cuando el amor se convierte en acción

Desde Alas para el Campo, impulsado por BASF y nuestros aliados del proyecto, el objetivo es justamente ese: unir el conocimiento técnico con el amor por la biodiversidad y el respeto por los polinizadores.


A lo largo de la ruta migratoria de la mariposa Monarca y en distintas regiones agrícolas, productores de toda la región se están sumando a acciones como:

  • Conservar y crear espacios con flora nativa que alimenta a los polinizadores. 

  • Promover buenas prácticas de manejo más sostenibles que consideren su presencia. 

  • Sensibilizar a comunidades y personas que, aunque no trabajen en el campo, pueden apoyar creando jardines para polinizadores en casas, escuelas o lugares de trabajo.


Cada parcela que se maneja pensando en los polinizadores es una declaración de amor a la agricultura, el trabajo más valioso de la Tierra.

 

Este San Valentín, celebremos también a quienes no se ven

Cuando entregues o recibas rosas, fresas, chocolates u otros productos en este San Valentín, recuerda:

  • Detrás de ese detalle hubo un agricultor que cuidó la tierra, la planta y la cosecha. 

  • Hubo polinizadores que, con cada visita a una flor, hicieron posible que esa planta diera fruto. 

  • Hubo una red de vida que trabajó mucho antes de que el regalo llegara a tus manos.


San Valentín es una fecha para celebrar el amor entre personas, pero también puede ser una oportunidad para reconocer el amor profundo que se expresa en los campos: el amor por la tierra, por la biodiversidad y por el futuro.

 

Un gesto más de amor: cuidar a quienes nos alimentan

En este día, además de decir “te quiero” con un regalo, te invito a dar un paso más:

  • Si eres productor agrícola, sigue apostando por prácticas que protejan a los polinizadores y la salud de tus suelos. Tu trabajo es esencial para que la vida siga floreciendo. 

  • Si estás lejos del campo, puedes sumar tu granito de arena creando pequeños jardines con flores amigables para polinizadores o apoyando iniciativas que cuidan la biodiversidad.


Porque, al final, cada flor que se abre, cada fruto que madura y cada paisaje que conservamos es también una forma de decir: 


Amo la tierra, amo la vida y quiero seguir compartiéndola contigo.

Las Mariposas Monarca, así como de otras especies de insectos polinizadores, son relevantes para la buena salud de los ecosistemas naturales.

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